domingo, enero 26, 2014

Diez página sobre Duna (9/10: Nunca estarás sola)

Todos estos días he ido contando aspectos mas o menos divertidos, momentos importantes, el inicio o el final de la presencia de Duna en nuestras vidas.
Mañana se cumplirán dos años de su fallecimiento, y hoy, casi cerrando este pequeño homenaje en el blog, voy a contar un pequeño secreto: y es que yo tenía un pacto de caballeros con Duna.

Duna, novena página: la promesa.

No recuerdo el momento exacto, ni el contexto, sino las sensaciones. Estábamos solos Duna y yo, y yo me sentía tremendamente solo, a pesar de estar casado, tener un hijo y esperar el segundo (creo que era sobre esa época), y tener una vida social que podía llegar a ser agobiante.
Me sentía solo, seguramente tras una discusión familiar poco antes del desmoronamiento de mi matrimonio y de lo que yo pensaba que iba a ser mi vida los próximos años. 
Pero no estaba absolutamente solo, porque Duna estaba conmigo.

Recuerdo perfectamente un instante... Enjuagándome las lágrimas, cogiendo la cabecita de la perra para agradecerle que estuviera a mi lado incondicionalmente, y hacerle una promesa: que nunca estaría sola, nunca le daría de lado y mi lealtad a Duna sería tan inquebrantable como lo era la suya conmigo.

Hay unas pocas cosas de las que me siento especialmente orgulloso; ninguna tiene que ver con mi vida laboral o política, sino más bien con la familiar y con mis hijos: sin duda, lo mejor que hice nunca.
Como el convenio que blindaba la custodia compartida y que firmé con la tinta original del boli de Lito.
Una de ellas es el haber cumplido mi promesa a Duna. Aunque no lo hubiera hecho ella me habría sido leal, pero no lo habría merecido.

Duna, con una chapita azul en su collar (cuyo significado venía a ser que íbamos a cuidarla siempre)


En Navidad se hacía más explícita nuestra promesa.
Todos los años he cenado donde estuviera Duna en nochebuena, porque entendía que mi hogar no estaba completo si ella no estaba. Entre los años 2007 y 2011, además, la cena de nochebuena era sólo para dos: Duna y yo. A veces he discutido con mi familia (padres y hermano) por la decisión de pasar solo esa noche... cuando en realidad la decisión era la contraria: la de pasarlo acompañado, y además evitar que Duna estuviera sola en un día, digamos, "familiar".
Nochevieja era aún más especial; nochebuena puede ser un largo día, donde incluso podrías cenar con tres grupos distintos; pero nochevieja es sólo un momento. Duna y yo teníamos una tradición para ese momento: Duna estaba a mi lado (con mi mano en su cabeza) o en mis brazos, y al comer las uvas, yo me comía sólo once y le dejaba a ella la duodécima.
AL final de 2012, por primera vez desde que tengo hijos, no pude seguir la tradición: un motivo más para detestar ese año.

Recuerdo una desagradable anécdota en casa, cuando en un embarazo, la madre de mis hijos pensó que Duna podía contagiar la toxoplasmosis (o algo así, ya me he olvidado del nombre) al feto, y que debíamos quitar a la perra del medio. No podía permitir que a ninguno de mis hijos le pasara nada, pero tampoco estaba dispuesto a fallarle a Duna: me cogí días de permiso, y me tiré una semana estudiando sobre el tema, hablando con veterinarios y gente que entendiera de ello, y poder llegar a la conclusión de que era imposible tal contagio.
Aún así, ante las dudas que se me ponían sobre la mesa, declaré que donde estuviera Duna, estaría yo. Que no habían cuatro paredes que pudiera llamar "hogar"si Duna no tenia cabida entre ellas.
Si alguien se pregunta qué hubiera pasado en caso de que el contagio fuera posible, que no tenga dudas: me habría desdoblado, manteniendo dos casas para que Duna siguiera conmigo.

Y recuerdo otra anécdota, más íntima pero más simpática, con las mismas protagonistas: Duna y la madre de mis hijos.
Un tiempo después, hubo una época en que la madre de mis hijos quería que me quedara en su casa y no en la mía (cosas veredes, amigo Sancho), pero ni ella me lo iba a pedir ni yo me iba a quedar a motu propio.
Y entonces ella tuvo una gran idea: cuando llegué a Onda del trabajo, pasé para saludar a los niños y me encontré a Duna en aquella casa (con su camita, sus utensilios de comida, y juguetes), bajo la excusa de que "en mi casa hacía mucho frío y la pobre perra lo pasaría mal". Evidentemente, me quede esa noche en casa de la madre de mis hijos, pero esa es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.

La lealtad recíproca entre Duna y yo nos hacía especiales a ambos.
Duna me esperó para morir, el 27 de enero de 2012, a que pudiera acogerla entre mis brazos (supongo que es una triste casualidad, pero me gusta pensar que no es así).
"Nunca estarás sola", le prometí. Y nunca lo estuvo.

Tampoco lo estuvo en el trámite posterior a la muerte; pero eso es otra historia, la que contaré mañana en el blog, hablando del recuerdo de Duna.

jueves, enero 23, 2014

Diez páginas sobre Duna (6/10: Pasear)

Recuerdo una triste epoca en la que casi no salíamos a pasear con Duna, aprovechando que la perra vivía en una casa con terraza (al princpoio de su vida)o en una casa con galería.
AUn asi, cuando despues de 2-3 años sin paseos comenzzamos a pasearla de nuevo, la perra se comportaba estupendamente, esperando a hacer sus necesidades en las horas de paseo. LO cierto es que Duna era mas limpia y aseada que nosotros mismos, a  pesar de no ser humana.

DUrante la segunda mitad de su vida, si que paseaba todos los dñias (dependiendo de mi horario de trabajo, una o dos veces). PEro el paseo de la tarde era inexcusable.

REcuerdo perfectamente como comenzamos de nuevo a pasar con Duna, y porque. VIviamos en la casa grande (un adosado de mas de 200 metos cuadrados si contamos garaje, cerca del antiguo instituto de Onda y que compartia una de las paredes con la que aun hoy es la vivienda de mi hermano).
LA madre de los niños se torció una pierna, y no tuviron mas remedio que enyesarla y decirle que la tuviera en alto la mayor parte del tiempo... de forma que no podíamos hacer muchos planes familiares para ir a sitios divertidos con los niños.
PAra no estar encerrados en casa, se nos ocurrio osalir a dar largos (muy largos)paseos con Duna. 
AHi nació la costumbre, que ya no abandonamos nunca hasta la muerte de la perra, y pasear a Duna (lcasi el 100% de las veces acompañadp de los críos)se convirtió en una divertuida obligfacion diaria.

NOs recorrimos, desde una esquiina de Onda, las tres esquinas restante., y lo que en su día parecio una excusa para matar el tiempo sin estar en casa (era verano cuando ocurrió oel esguince), se convirtió en la parte mas importante del dia,.. los "paseos felices" con Duna.

ALgunas de las historias que he escrito en este viejo blog vienen de los paseos felices con Duna. POsiblemhay dos que de ellos que recuerdo con especial cariño...

LA historia de Piedrñian.
Ya he contado en otra entrada )aqui= la historia de la piedra que recogimos mi hermano y yo borrachos en 1990, haciendonos amigos suyos en una discoteca improvisada para Pascua a 3 kilometros de Onda, y que llevamos en brazos hast casa.
La recuperamos, y la dejamos en unsitio por donde soliamos salir a pasear con Duna, aprovechando para saludarla todos los dias...
Los bichos a rayas. No se a que es debido, pero cuando llovia,o con el calor, soliamos encontrar a lo largo del paseo varios "bichos a rayas" (que no eran otra cosa sino millpies), que los niños solían coger en sus manitas, jugar con ellos, y luego dejar de nuevo amablemente en el jardin o descampado donde los hubieramos encontrado.

Tambien es curioso recordar los acompañantes de los paseos felices con Duna.
LA madre de los hijos, por supuesto se recupero del esguince en la pierna, y acabo apuntandose a la mayoria de paseos, junto con los tres niños y yo. 
OLtro de los que se apuntaban muchas veces era mi hermano Saul, y el perro que recogio dmi hermano y que se convirtio en el mejor amigo de Duna una buena epoca, Cuqui.
TAmbien hablamos en su momento del falecimiento de Ciuqqui, y como hicimos lo posible para salkvarlo y permiti a mis hijos que se despidieran de el, en un tristisimo dia familiar.

Y por supuesto, si me pongo a recordar los paseos felivces con Duna, he de recordar el nacimiento del Comando Piruleta.
JUnto al centro de salud de Onda hbañia un parqe donde podiamos soltar a Duna un rato y que jugara a correr entre nosotros y con los niños, persiguiendonos (una especie de pilla.pilla perruno) o a la caz de una pelota.
ERa uno de los sitios que mas visitabamos en los paseos felices, hasta el punto de que se convirtió en costumbre parar un rato a descansar en ese parque a la vuelta de cualquier paseo )pues estana muy proximo a casa).
AL lado del parque habñia una tauleta, y soliamos comprar una piruleta (de esa rojas con forma de corazxon que estan tan buenas) paa todo slos integrantes del grupo, a excepcion de Duna.
Para referirnos de alguna forma a ese parque (que aun hoy desconozco cual es su nombre real) lo acabamos denominando "parque piruleta", y nosotros que ibamos alli eramos el "comando piruleta".
DUna era Piruguau, la Capitana del Comando.
COmo ya sabeis quien me conozca, luego el "comando piruleta" ha sido la forma simpátia d referirnos a nuestra familia cuando hacemos algo divertido (a fin de cuentas, sera el nombre comercial del grupo autor de los videos Chukychorras y oras tonterias; asi, cuando nos hagamos famosos, recordaremos a Duna como fundadora del Comando).

Los paseos felices fueron, posiblemente, la mejor epoca dela vida de Duna, cuando los niños aun eran pequeños, no estabamos agobiados por divorcios, crisis, trabajo asfixiante o enfermedades... 
Hay veces que recuerdas momentos con tanta intensidad que puedes revivirlos como si estvuvieras alli de  nuevo, y no puedes creer que en realidad duraron solo unos minutos; tambien hay momentos o epocas enm las que, aunque no puedas recordar la sensacion de un instante exacto, si recuerdas la epoca, los olores, la felicidad en conversaciones inrascedntes, la compañia...
RCuerdo cmuhos intsntes con Duna, pero una epoca por encima de todas, la de aquellos paseos felices.
ES curioso comprobar que, busque en el rinconcillo que busque de mi menmoria, Duna estaba allí, Duna formaba parte de esa pequeña historia personal que construñiamos.

TRas la muerte de Cuqui, y mi mudanza debido al divorcio, se acabaron los largos paseos felices con Duna, ya que tuvbe que irme a vivir a la optra punta de Onda (literalmente a la otra punta, en el sitio mñas alejhado de donde vivia anteriormente, aunque la ciudad no sea muy grande que digamos).
Por supuesto, seguimos paseando a Duna, aunque el protagonismo ya no era suyo sino de ir a algun parque a que los niños jugaran, y de paso Duna se venia con nosotros. EL parque de la Casa Roja, el de la Panderola, el de al lado del colegio.....

AUN despues de eso, y durante los dos/tres ulñtimos años de Duna, cambiamos de costumbre, y tras una tarde de debres, juegos o lo que tocara, y justo antes de preparar la cena y cenar, saliamos (generalmente los tres nioños y yo, rara vezx con algun otro acompañañnte) a pasaear por los alrededores de casa, generalmente en algun recorrido que pasara por el parque de tierra de la Panderola, justo detras de casa y que le encantaba a la perra.
Ahora, esos paseos servian para pasar un rato con mis hijos y que me contaran cosas intrascendentes pero que servian para conocerlos un poco mas.
Y Duna, ya mayor y menos marrón, estaba alli, con nosotros.


CUando muere un ser querido, te embarga en algun momento una sensnacion de vacio insoportable.
EN casa paseamos a Duna, sonre las ocho de la tarde, todos los días, y quiza en otrohorario los ultimos 6-7 años.
AL morir Duna, los dias siguientes a las ocho de la tarde no sabiamos que hacer en casa.
NOa habian robado una parte del dia, el paseo del Comando Piruleta.
PIruguau ya no estaba allí.

martes, enero 21, 2014

lunes, enero 20, 2014

Diez páginas sobre Duna (3/10: Su aspecto)

Tras dos páginas algo extensas, escribo ahora una tercera más breve, continuando el pequeño homenaje a Duna, la perra que nos acompañó trece años de mi vida, a punto de cumplirse dos años desde su partida. En esta tercera página, quiero comentar algo tan mundano como el aspecto.
He leído en incontables ocasiones eso de que los perros no nos discriminan por nuestro aspecto, y que a ellos les da igual de verdad si somos altos o bajos, gordos o flacos, guapos o feos, jóvenes o viejos; a Duna, obviamente, le daba igual cómo eramos. Y a nosotros nos daba igual cómo fuera ella... lo que no quita para que nos encantara su aspecto, inquieta, peluda, su flequillo...

Duna, tercera página: 4 kg envueltos en pelo.

Nunca hemos sabido qué mezcla exacta de razas podía ser Duna; ni tenía pedigrí, ni queríamos que lo tuviera, pero es que tampoco podíamos clasificarla en una u otra raza concreta.
Alguien nos comentó, tras verla (no recuerdo quién) que era un cruce entre perro de aguas y pekinés o yorkshire. Evidentemente tienen un aire (son pequeños, van a cuatro patas, tienen hocico...), pero no hemos podido identificarla.
Además, como yo nunca vi a su madre (o padre) ni hermanos, ni idea del aspecto de los mismos y si se parecían a mi perra.

El caso es que Duna era una perra pequeña, muy peluda, de color marrón oscuro (que se fue aclarando con la edad, al final de su vida era mucho más clara, casi grisácea).

Duna de jovencita, fase peluda
Era un perro doméstico (Canis lupus failiaris) como es evidente. Y de sus rasgos podría comentar lo siguiente (aprovechando el leer algo sobre morfología perruna):
- Pelaje doble, cuya capa inferior suave era de un marrón más claro
- Cola en tirabuzón; no sólo no le cortamos la cola, sino que no podríamos haberlo hecho: como comentaba en otra entrada, no consideraba a Duna como mía en el sentido de poder hacer lo que quisiera con ella, y cortarle la cola me habría parecido una mutilación inaceptable
- Un hocico muy poco alargado
- Buena vista, que no perdió nunca; al final de su vida empezaba a tener cataratas, pero muy brevemente y sin llegar a afectarle demasiado la vista. Posiblemente hubiera ido perdiendo facultades, pero el corazón (como ya relaté le falló antes)
(NOTA: Otra cosa es que nadie nos explicamos nunca cómo podía ver la pobre perra si sus propios pelos le tapaban continuamente los ojos -la foto que acompaña la entrada es una buena prueba de ello-; en cualquier caso, la rapidez para coger pelotas al vuelo hacía suponer que la perra, de alguna u otra forma, ver veía)
- Orejas caídas a ambos lados, que (supongo por su morfología) nunca puso tiesas

Duna nunca llegó a pesar 5 kilogramos; a veces se aproximaba (creo que cuando tenía el pelo más largo), pero siempre estuvo -de adulta- entre los 4 y los 4,5 kg.
No estuvo nunca gorda ni delgada, alimentándose de pienso (salvo contadas excepciones) y superando las revisiones que le hacía el veterinario.

Sobre el pelo, lo cierto es que Duna tenía "temporadas de verano" y "temporadas de invierno", ya que una vez adulta la rapábamos del todo cuando venía el calor, y luego le dejábamos crecer el pelo hasta la primavera/verano siguiente.

Depende de la época, a veces nos parecía más graciosa peluda o rapada; no sé cuál era el favoritismo del propio animal, ya que siempre estaba igual de contenta, nerviosa y con ganas de jugar tuviera mucho o poco pelo.

Un aspecto curioso de ella es que, cuando la sacábamos a pasear y quería hacer pipí (qué cursi queda esto...), no se agachaba o levantaba una pata (Duna es una hembra, como es obvio), sino que solía levantar las dos patas a la vez para apoyarlas en una pared/árbol/loquesea y así mear tranquilamente.

Hay dos formas en las que nunca vimos a nuestra perra:
- En la típica posición de ataque (cuerpo echado hacia delante, enseñando todos los dientes, etc., que suelen detallar los artículos sobre actitud canina): en trece años de vida, no recuerdo una sola vez que atacara o pareciera atacar a nadie. A veces podía jugar agresiva con otros perros en el parque, pero se notaba que era un juego
- Embarazada. No le hicimos ninguna intervención para evitar que pudiera quedarse embarazada ni esterilización, pero aún así la pobre Duna no fue montada nunca por ningún perro ni, claro, se quedó preñada (tuvo un par de embarazos psicológicos a lo largo de su vida, tratados con el veterinario)

Y acabo esta entrada con lo más familiar de su físico: el flequillo.
Lo más característico al verla era el flequillo que le caía sobre los ojos; a veces cuando la rapamos le dejábamos ese flequillo porque nos parecía muy simpático y tal.
Quizá en la foto de esta entrada no se aprecie, pero en la que es foto de portada de mi perfil en facebook se ve mejor; y recordando su flequillo, termino la página de hoy.

domingo, enero 19, 2014

Diez páginas sobre Duna (2/10: La llegada)

Yo no quería un perro. No tengo miedo a los perros, me gustan y han estado muy presentes en mi vida, pero en octubre de 1998, me negaba en redondo a que entrara un perro en casa.

Lo habíamos discutido en ocasiones mi pareja y yo, que estábamos viviendo juntos desde hacía pocas semanas; ella quería traer un perro, y yo prefería seguir los dos solos en casa. A fin de cuentas, hasta hacía pocos meses habíamos vivido juntos como "unidad familiar" mis padres, abuelos (hasta su fallecimiento) y hermano; y ahora vivía junto a una chica en una casa donde no eramos los "niños": quería disfrutar de ello y no tener responsabilidad ninguna. En realidad, estaba más acostumbrado a tener perros que a tener chicas rondando por casa... hasta que llegó ella.

Duna, segunda página: llegando a casa.

Antecesores de Duna.
No es del todo cierto que no quisiera un perro en casa por la responsabilidad que ello supone; tampoco lo quería por todo eso de que se les coge cariño, y luego te da mucha lástima lo que les pase, y blablabla.
Hasta que llegó Duna, había tenido dos perros en casa; aunque en ningún caso como dueño de los perros o responsable de ellos, sino como niño que jugaba con los que había por casa.

Fevi. Después de mucho tiempo insistiendo, convencí a mi madre -y los restantes miembros de casa- para comprar un perro (como todo niño que en algún momento de su infancia -o preadolescencia en este caso- quiere una mascota).
Fevi se llamaba así por un pastor alemán que había tenido mi madre de niña, y el nombre era la unión de la primera sílaba de sus dos apellidos (Feliu + Villada). Fevi era un Shih-Tzu, y tenía muy mal carácter, gruñía (e incluso nos mordíó alguna vez) y solía estar más interesado en que le dejásemos en paz que en jugar.

Foi. Cuando se murió Fevi (que tenía una salud bastante pocha), mi madre no podía soportar la pena y en casa se compró (de la noche a la mañana) a otro Shih-Tzu. El nombre era una desviación de Fevi, y el animal era absolutamente pacífico, tranquilón y grandote (pesaba al menos el doble que Fevi).
Cuando me fui de casa, y mis padres se mudaron a la casa de campo donde aún viven, se llevaron a Foi con ellos, donde tuvo una vida plácida y una vejez achacosa, hasta que murió un tiempo antes que la propia Duna, ganándole a ella en longevidad.

Mis padres tuvieron -y tienen- otros muchos perros, pero no eran "perros que vivían en casa", y por tanto no se parecen a Duna en la convivencia con ellos.

El debate sobre qué tipo de perro.
Aunque no quería un perro, si que hablábamos a veces sobre la posibilidad de tener uno, qué nos gustaría, y todo eso. Como en casa siempre he tenido libros y más libros perrunos, podíamos buscar por aspecto, carácter y por todo lo que quisiéramos.

Vivíamos en una casa pequeña (70 metros cuadrados), así que lo primordial era que fuera de tamaño pequeño o mediano, todo lo más. Sobre que fuera macho o hembra no recuerdo haber debatido ni la opinión que podíamos tener al respecto.
Al final, creo que la preferencia era un Schnauzer enano, que parecía muy gracioso con su barba y bigotes. Recuerdo haber mirado el precio de un perro de dicha raza... pero, como decía, no quería ningún animal en casa, así que era un debate estéril.

Una miniatura peluda y temblorosa.
En algún día del mes de octubre de 1998, poco antes de Fira d'Onda, comenté con mi pareja que "en todo caso, si entraba un animal en casa, ya no saldría, porque lo que no íbamos a hacer es adoptar un perro para dejarlo tirado" (no lo decía como incentivo para coger un perro, sino al contrario).

Mi novia (habrá que llamarlo de alguna manera) me dijo que necesitaba el coche para no se qué de su familia de Castellón o algo parecido, y se fue con el viejo Rover azul; cuando regresó, ya por la tarde, me dijo que tenía una sorpresa...

...abrió el portón trasero del coche y allí, dentro de una caja de cartón, temblando como una hoja, había un animal muy pequeño, peludo con varios tonos de marrón. Cabía en un bolsillo de la camisa, y era una perra sin pedigrí ni raza conocida.

No recuerdo el día exacto en que llegó Duna a casa; pero puedo visualizar como si hubiera pasado hace sólo un rato a mi novia abriendo el portón y la perra mirando asustada desde su caja de cartón.

Duna de bebé en su nueva casa
Como había avisado, ese día entró en casa para formar parte de la familia, y ya nunca saldría.

9 de septiembre de 1998.
Eso es lo que me dijo la "compradora" de la perra que, a su vez, le habían dicho donde la cogió: había nacido unas seis semanas antes, el 9 de septiembre de 1998.
Parece que unos niños (y sus padres, claro) eran los dueños de la madre, ésta había tenido cachorros, y los vendían por lo que el comprador quisiera dar.
Los cachorros habían sido tres, o quedaban tres sin vender hasta ese momento; mi pareja eligió a Duna entre esos tres vete a saber porqué.
El "precio" era a convenir por miedo de los dueños de que utilizaran a los cachorros para algo perverso; nosotros pagamos 2.000 pesetas por Duna.
El lugar donde nació fue en una vivienda de Almazora, hasta donde fue a comprarla, tras haber visto un anuncio en un "detot" o un periódico similar de anuncios.

A veces -mientras vivía Duna- he pensado en buscar ese anuncio, preguntar o saber qué ha sido de la madre de Duna, de sus hermanos, de la familia humana en cuya casa nació; poder decirles que la cachorra estaba bien cuidada  y la queríamos.
Lo cierto es que nunca lo hice, aunque supongo que tampoco es muy importante.

Duna, el nombre.
El mismo día que llegó a casa, empezamos a pensar en el nombre que debíamos darle.
Debía ser femenino (obvio), corto y sonoro para que el pobre animal lo entendiera bien.

Decidimos que sería un nombre de cuatro letras, empezando por "D" y acabado por "NA".
Nos quedaba: Dana, Dena Dina, Dona y Duna. Y nos decidimos por eliminación...
Dana no; conocíamos a alguna chica que se llamaba así y un transexual israelí con ese nombre acababa de ganar Eurovisión.
Dena no; era el que menos nos acababa de gustar de los cinco, aunque fue finalista.
Dina no; me sonaba a la denominación de los folios o doble folio (DIN-A-4, DIN-A-3)
Dona no; ya que significa "mujer" en valenciano/catalán
Duna: nos gustaba, y aunque es el mismo nombre que los montículos de arena en el desierto y tal, como la perra era de color marrón con varias tonalidades, creímos que era incluso mejor.

Y de esa forma llegó Duna a nuestra casa y obtuvo su nombre; mi pareja y yo dejamos de ser sólo dos en casa. Poco después de llegar Duna, se quedaría embarazada (mi novia, no la perra) y nacería mi primer hijo; para entonces ya no seríamos novios sino que nos habríamos casado... pero esa es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión.

sábado, enero 18, 2014

Diez páginas sobre Duna (1/10: La ida)

Dentro de diez días, se cumplirán dos años desde la muerte de Duna, la perra que nos (me) acompañó en casa durante más de trece años. Cuando he pensado en ella desde que se fue, siempre sentía a la vez una enorme tristeza y melancolía por su partida, junto a la alegría y gratitud por haber disfrutado de ella; creo que en este aniversario va a "ganar" la alegría del recuerdo de Duna sobre la tristeza porque ya no esté. Y por eso voy a escribir de nuevo en el blog, a modo de homenaje, sobre Duna: diez pequeñas entradas recordando al ser vivo que estuvo siempre, incondicionalmente, a mi lado. Como yo al suyo.

Duna, primera página: la muerte.

Quiero comenzar por el final de la vida de Duna, relatar sus últimos días y cómo se fue. Querría que nunca hubiera tenido que irse -que nunca se fuera-, igual que no quiero irme yo nunca, ni desde luego ninguno de mis hijos, pero todo eso es irreal, la muerte es natural y forma parte de la vida, dotándola de sentido.
Si acepto eso (la naturalidad de la muerte), no puedo imaginar una partida mejor que la que tuvo Duna; cuando yo tenga que morir, me gustaría que fuera como ella.

Por mi parte, deberé decir que tenía un miedo horrible a que se diera cualquiera de las dos siguientes circunstancias cuando muriera Duna:
- por un lado, que Duna muriera sola; una de las cosas de las que me arrepiento sobre mi perra, es que estaba sola más tiempo del correcto, debido a las especiales circunstancias de mi familia. Pensaba que algún día, cuando llegara a casa de trabajar o de alguna otra obligación, Duna estaría muerta, habiéndose visto sola en alguna de las horas pasadas, sin nadie que estuviera a su lado al partir. Me daba tanto miedo pensar en eso, que muchas veces al volver a casa, sentía una pequeña angustia si desde el portal de casa no la oía ladrar y brincar alegre sabiendo de mi llegada.
- por otro lado, que yo debiera decidir sobre la muerte de Duna: que tuviera algún problema de salud donde lo "coherente" hubiera sido sacrificarla. Para entendernos, diré que nunca he pensado que yo era el "amo" de Duna, sino más bien su "compañero humano", encargado de su bienestar tanto como ella se encargaba de querernos y ser parte de la familia. No tenía poder sobre su vida o su muerte; pero tampoco podía permitir que sufriera sin sentido, y temía profundamente verme en la necesidad de elegir si sacrificarla para que no sufriera, o permitirle sufrir gratuitamente.

Como si Duna supiera que temía ambas cosas, su forma de partir disipó todos los miedos. No hubo sacrificio, no murió sola. Voy a contar cómo se fue.

La longevidad.
En diciembre de 2011, recuerdo un paseo de Duna con mis hijos donde hablábamos de la edad de la perra y de otros perros que han vivido o vivían con alguno de nuestros familiares. Posiblemente, Duna era la mayor de todos (ya había cumplido trece), pero su carácter nervioso y alegre (además de la raza, o la falta de ella) hacía presagiar que viviría mucho tiempo más.

La enfermedad.
Un triste día de enero que ya he olvidado, cuando iba a sacar a pasearla, Duna se desplomó en el suelo, respirando pero sin poder moverse. De inmediato, reuní a mis tres hijos -algunos se habían ido a dar una vuelta-, y fuimos al veterinario. Cabe decir que pasados 2-3 minutos, la perra pudo comenzar a moverse, y después seguía igual que siempre, con toda naturalidad queriendo pasear y disfrutar del parque.
Comenzaron entonces unos días marcados por ver qué le pasaba, medicación, cuidados y preocuparse. Cada vez los "ataques" iban a más, y a la perra se le notaba más débil.
El diagnóstico es que el corazón le había crecido demasiado, y parece ser que se bloqueaba produciendo unos pequeños "infartos"; se tomaba medicación para que no le pasara, pero el veterinario ya nos advirtió de que podía recuperarse (y hacer "vida normal", aunque con cuidados, que ya era vieja de por sí), o morir en uno de esos pequeños ataques.
Con mi miedo porque no estuviera sola, fui haciendo encaje de bolillos para que si se quedaba sola, fuera el menor tiempo posible.

En esta enfermedad (que no entiendo, porque de salud es de lo que menos entiendo del mundo), había que tener en cuenta que el animal no sufría (no le dolía, más allá del evidente susto que podía llevarse), y que era una cuestión genética, de forma que no es nada que hubiéramos causado ni hubiéramos podido evitar: Duna venía así "de serie", como yo vengo miope u otro viene con los pies planos.

El último día.
El 27 de enero de 2012, yo debía ir inexcusablemente al trabajo y estar fuera por seis o siete horas. Mis hijos estaban en el colegio, o en casa de su madre, hasta que yo llegara. Y a mí me aterrorizaba pensar cómo estaría la perra, que los últimos dos días había tenido más ataques que nunca y respiraba con dificultad; para que no le pasara nada por la noche sin que yo me enterase, las dos últimas noches había dormido conmigo, en mi cama.

Para no estar sola, ese día ocurrió algo curioso, y es que como nadie podía cuidarla o atenderla todo el tiempo, se turnaron para ello. Mis padres, la madre de mis hijos (que fue quien la trajo a casa trece años atrás) y mi hermano se fueron pasando por mi casa, visitando a Duna y contándome qué tal estaba.
Y de esa forma, el destino quiso que Duna pudiera despedirse de todos los que la habían querido y cuidado en su corta vida.

Cuando llegué a casa, me ocupé de que comiera, de su medicación y de bajarla un momento al parque. Luego, mientras hacía la cena para los críos (era viernes, y ese fin de semana los cambiaba con su madre y me tocaban a mí), los niños se ocupaban de tenerla entretenida y calentita frente a la estufa, tanto Juanma como Salva o Martín la tenían en sus brazos mientras ella jugaba muy débilmente.
Y de esa forma, el destino quiso que su última hora la pasara jugando con sus "hermanos", o siendo acariciada por ellos si se cansaba frente a la estufa, en su hogar.

Nos pusimos a cenar, y puse en la tele un capítulo de Fraguel Rock (es curioso las cosas que se recuerdan a veces...); mientras Duna estaba en el sofá de casa le dio uno de sus ataques, pedí a los niños que se metieran dentro de la habitación para no verlo, y la cogí en brazos, apretándola contra mi pecho, para que no estuviera asustada.
Y así murió Duna: en mis brazos, en nuestra casa, tras un día en que fue cuidada por todos aquellos que la quisieron, sin sufrimiento ni dolor físico. Si un ser vivo merecía una muerte bella y poética como esa, sin duda era Duna; la tuvo, y me siento extraordinariamente feliz por ello.

No creo en el destino ni karma ni cosas de esas, pero ojalá en mi último día tenga la oportunidad de compartir un poco del tiempo de todos mis seres queridos, para al final expirar, sin dolor, en los brazos de aquella persona a quién más ame. Y ojalá, un tiempo después, cuando se recuerde, alguien piense que yo merecía morir así. Duna merecía morir así.

Y fin por hoy; mañana, otro recuerdo sobre Duna.

lunes, diciembre 31, 2012

Estimado Año 2012.

Querido año 2012; acabas hoy tu reinado, y deseo dedicarte unas palabras, aunque sea en este blog que lleva más de dos años de abandono.

No sé cuántas esperanzas podría tener puestas en ti, pero lo cierto has logrado terminar con todas ellas. Desde luego, has sido un año intenso y de difícil olvido, aunque sea para recordarte como el "peor año de mi vida".

En enero te llevaste a Duna. El día más triste de mi pequeña familia, el "final de los días felices"; no dejaré de echarla de menos, y ni siquiera he podido escribir un poco sobre ella porque la tristeza no me lo permite.
Los últimos trece años, en nochevieja, he seguido una modesta tradición: pasaba las campanadas con Duna en brazos, yo me comía once uvas, y la duodécima se la daba a ella.
Esta noche no podré hacerlo, porque querido 2012, quisiste que te recordara como el año en que murió Duna. Además, te la llevaste al principio, para que no pudiera acompañarme en el resto de cosas que tenías aguardándome.

Si lo de Duna era la "medalla de oro" que lucirías, el 1 de marzo tenías guardada las de plata y bronce para dármelas a la vez.

Por un lado, en el trabajo pasaría a estar como "interino recortado", llevándote un tercio de mi horario y de mi sueldo, lo que suponía una especie de "despido objetivo" del 33% de mi contrato.
Innumerables problemas económicos, y laborales (y de continuidad en el trabajo) han surgido tras ello.
Aunque es mejor no dar detalles en público, nunca he estado tan cerca de la insolvencia, ni me he sentido tan injustamente tratado a nivel laboral teniendo que callarme porque "fuera hace más frío" o "si vas a aguantar por mucho que te apretemos, porque no tienes donde caerte muerto".

Por otro lado (y dudo si esto sería la medalla de plata o la de oro), trajiste la enfermedad de la madre de mis hijos, cuestión de la que sí que no daré detalles por respeto.
Me has hecho volver a una unidad familiar de una forma que yo no quería, y hacer crecer a mis hijos en una responsabilidad que no corresponde a su edad. 
Yo quería estar con ellos, con su madre, y con Duna, los seis juntos y amándonos felices y sanos, pero no así. Querido año 2012, es una burla cruel lo que has hecho con nosotros.

A partir de marzo, ya no han habido más heridas graves, sino el abatimiento y dificultades de las que existían, que nos han acompañado casi hasta el final del año... y de vez en cuando, para que no se nos olvidara quién manda, nos dejabas un pequeño recadito.

Así, has sido el año en que, casi veinte años después, dejaba de ser afiliado del PP (o de Nuevas Generaciones, en su caso), porque ni se cuenta conmigo, ni puedo creer en la política ni en el que ha sido mi partido.
Has sido el año en que también faltó la última hermano/a de alguno de mis abuelos que quedaba con vida, y que había sido nuestra "excusa" (bendita excusa) de unión con mi familia pucelana.
Has sido el año en que he tenido que comparecer en el Juzgado de lo Penal como acusado, por dos veces (una como sindicalista, la otra por el fútbol), aunque en ambas me hayan absuelto y quedara más que probada la infamia y falta de vergüenza de quienes me acusaban.
Has sido el año en que el CD Onda, el club de fútbol que presido, ha pasado por la época más difícil de sus 90 años de historia, de la que nos estamos salvando por la integridad de sus jugadores, en la que estamos metidos por cuestiones ajenas a nuestra gestión.
Has sido el año en que tuve que renunciar a mi clásico miniviaje de vacaciones con mis hijos, de problemas con Hacienda debido a la lentitud de su burocracia, de que me reventara una rueda en la autopista y no me maté de milagro, de tres inundaciones en mi casa, de que instituciones externas a mi trabajo me amenazaran para que dejara de hacer mis funciones... has sido un año demasiado difícil para que, cuando llegara a casa, no estuviera Duna, como siempre, contenta de verme y dispuesta a juegos, paseos o una alegre compañía en silencio.

Has sido el peor año que recuerdo; así que, querido año 2012, vete a la mierda. Gracias.

viernes, octubre 02, 2009

Cumpleañeros

Nunca me ha costado mucho encontrar motivos curiosos para montar celebraciones en casa; aunque, con excepción de mis dos épocas del año favorias (Fira d'Onda y Navidad), los días más importantes del año son los cumpleaños de los que vivimos juntos.

Cada año cumplimos uno más (qué cosa más curiosa, verdad?), y este año, Martin cumplió siete años en mayo, Juanmanuel diez años en junio, Salvador cumplirá nueve años en noviembre, y yo treinta y cinco en diciembre. Pero estos no son los únicos "aniversaris de naiximent" a celebrar; como ya he contado alguna vez, Duna (la perrita) celebra su cumpleaños el nueve de septiembre (el último tenía once velas).

Sale toda la tarde con nosotros al parque, más tarta, más regalos, más cena con nosotros en la mesa y de nuestro menú (que suele ser algo que le guste a la perra; en esta ocasión, pollo asado).

Ese mismo día, cuando salía de Mercadona con la tarta y demás compras, la cajera (monisima y simpatíquísima, pero eso no importa) me preguntó sobre la celebración, y se quedó un poco parada cuando le dije que era para el cumpleaños de la perra. Como en casa la consideramos sujeto de derechos y obligaciones (aunque todos somos conscientes de que su importancia en el hogar es la que es, no es una "hermana" más), supongo que lo vemos normal.
Ahora soltaría una perorata sobre que es para educar a los niños en el buen trato y respeto a los animales y bla bla bla; pero no es verdad. Si educo a los niños en eso es con el ejemplo y con otros animales de fuera de casa, no con nuestra propia mascota. Si Duna es una más es porque la queremos, y si celebramos su cumpleaños es sólo por diversión y la tradición esa de celebrar los cumpleaños de todo el mundo.

La perra sigue juguetona, saltarina y nerviosa como hace diez años; ahora se cansa antes, pero le echa las mismas ganas. No olvidemos que es un miembro de pleno derecho (ahí sí que igual a los demás) del Comando Piruleta (Duna es Piruguau). Cuando la paseamos, se cruza con otros perro e intenta saltar y jugar alrededor, el dueño del otro can suele comentarnos que debe ser jovencita, por lo activa que es, y no se me creen que tiene once años.

El caso es que es vieja; salvo catástrofe, será el primer habitante de la casa en morir, y cuando pase va a ser el peor día de la vida de mis hijos. Es más, supongo que en breve ya no podrá ser tan activa como ha sido siempre, la veremos cansado y sin jugar, o enfrentándose a problemas de salud, y nos llenará de pena a todos. Ojalá pudiera ser lo nerviosa y saltarina que es para siempre, o al menos, hasta que yo también sea un viejo que no pueda saltar.

(Nota interna: creo que, de los últimos post que he escrito, en más de la mitad hablo de la perra; no sé por qué, pero me apetecía volver a escribir por aquí, y no se me ocurria otro simbólico tema del que hablar; aunque soy consciente de que esta entrada, que escribo en el tren, es inconexa y un desastre; nunca he escrito muy bien, pero tan mal como ésta no; deberé de reaprender a escribir de nuevo, que redactar cosas de tu vida era más divertido que redactar demandas y recursos de reposición).

(Nota interna dos: puestos a escribir, lo hago en los dos blogs; en éste, que hablo de mi vida, y en el otro, que hablo sobre política, y hoy, sobre Ricardo Costa, amigo de la juventud y ahora portada nacional en periódicos)

(Nota interna tres: feliz cumpleaños, Duna; que cumplas muchos más)

miércoles, enero 14, 2009

Reyes Magos'2009

Soy el padre de Juanma, Salvador y Martín; son niños responsables y de buen corazón, y por eso en Navidad disfrutan de los regalos que les traen Papá Noel y los Reyes Magos.

Como ya no soy pareja de la madre de estos niños, ella y yo vivimos en hogares distintos, y nos las hemos arreglado para que estén el mismo tiempo con ella que conmigo.

Los niños saben que no pueden tener regalos todo el tiempo en las dos casas, así que, con el permiso de ellos, propusimos un pacto al señor Klaus y a los señores Melchor, Gaspar y Baltasar: aquél dejaría sus regalos el 24 de diciembre en el hogar donde vive "mamá", y éstos los dejarían el 5 de enero en el hogar donde vive "papá", que soy yo.

Así ha sido desde la Navidad de 2003.

***

Si opináis que las Navidades me encantan y que soy un crío más con todo lo que conllevan, os quedaríais cortos. Es, sin duda, mi época preferida del año.

Y para inaugurar el 2009 en este blog, tengo pensado contaros qué nos han traído los Reyes por Navidad, acompañado de fotos de mis hijos preparando la noche del 5 de enero (yo no saldré en las fotos por higiene estética; hasta que no me quite varios kilos de encima no me asomo, ea).


(Juanma limpiando los zapatos)

A Juanmanuel:

- Unas miniaturas de Star Wars; varios personajes, una nave que no sé cuál es, y el Halcón Milenario (Juanma lo pidió en su última modificación de carta a los reyes, después de ver las seis pelis en días alternos -más o menos- en estas vacaciones)

A Salvador:

- Un muñeco feísimo y gigante de algo que se hace llamar "Colección Gormiti" (podéis buscarlo en google y horrorizaros con esos bichos; si yo tuviera algún tipo de influencia sobre los Reyes, esas cosas no entran en casa), más un juego de la Wii

A Martín:

- Una maqueta de un coche a escala 1:18, en este caso de un Peugeot 205

Y ésta la explico un poco más:
Martín está encantado con todo lo que sean automóviles, así que pidió coches y más coches a los Reyes Magos. Hace unos meses, se le ocurrió dibujar en la mini-pizarra de casa, los logos de algunas marcas. Hizo cuatro o cinco a la perfección, y a partir de ahi comenzó a expandirse. Paseando, el niño preguntaba qué marca era esa, y cuál esa otra. Al final, no sólo distinguía la mayoría de marcas viendo el logo; también las distinguía mirando el aspecto del coche. Entonces empezó a distinguir un Opel Zafira de un Astra, un Ibiza de un Fiesta, y demás. Evidentemente, para ejercitar la memoria y agudeza visual del crío era un pasatiempo perfecto. El resultado final: ahora, sin duda, Martín se sabe más marcas y modelos de coches que yo. En un viaje reciente a Valencia que hicimos él y yo mano a mano, cada coche que se veia a lo lejos me decía la marca y modelo. Hasta de un Alfa Romeo no se qué. En un par de ocasiones que creí que se equivocaba y le repliqué... resultó que el que fallaba cual escopeta ferial era yo. Imagináos a un enano de 105 centímetros replicando: "Nooo, papá, ese coche no es un Seat, porque es un Citroen Xsara, ¿que no lo ves? además, ese color amarillo sólo lo hacen en Citroen y no en Seat, que no te enteras, papá".


(Martín preparando paja y algarrobas para los camellos)

Para que los tres críos jueguen a la vez o se turnen:

- Unos disfraces de caballero Jedi y Lord Vader, con sable láser incluido (a pilas y de plástico); definitivamente, ha sido una Navidad de las Galaxias
- Otro juego de Wii
- Juego de "Hundir la Flota" de MB, donde aún no he conseguido ganar a Salvador ni una sola vez (puedo prometer y prometo que no me dejo ganar)
- Un coche con mando a distancia, de cuatro ruedas enormes, que se da la vuelta solo y esas cosas, y que se ha convertido (junto con el Peugeot 205) en parte indivisible del cuerpo de Martin
- Plastilina, arcilla, moldeadores, cartulinas, pintura, y demás cosas de manualidades como para construir una segunda vivienda
- Más ropa y chuches para todos que manualidades (y mira que habían manualidades...)

Para Duna:

- Pelotas y muñecos variados, de esos que los perros van mordiendo y pitan (mi perra se emociona cuando el muñeco se pone a pitar, yo también me emociono cuando lleva pitando media hora, pero mi emoción es distinta)

Para mí:

- Un juego de cartas de "Hombre Lobo"; aprendí a jugar en la RAM de Lleida (es decir, hace dos días) y me hizo mucha gracia. Siempre tengo regalos que son juguetes en los Reyes Magos, cosa que agradezco sinceramente a sus majestades.
- Un peluche de SuperCoco.

El peluche de SuperCoco lo ví en una tienda poco antes de mi cumpleaños (17 diciembre), y proclamé a los cuatro vientos que yo lo quería. Siempre he querido un peluche de Coco y una corbata de El Coyote, y nunca lo he tenido. Pensaba que nadie se había quedado con la indirecta, pero me equivoqué. Juanma no tiene dinero para comprarme cosas, así que, en su carta a los Reyes Magos, el niño pidió que le trajeran ese peluche, para regalármelo (con un ligero retraso) a mí. Melchor y compañía le han hecho casi, y tengo mi peluche en casa.


(Salvador preparando leche con nesquik para Melchor, Gaspar y Baltasar, en vasos de colores)

Ahora es tarde, y con la compañía de SuperCoco apoyado en mi almohada, os deseo feliz año y buenas noches.

:-)

jueves, septiembre 25, 2008

Niños por dinero

Hace unos años acabé la carrera de Derecho, y me puse a ejercer como abogado en mi ciudad; pasaron otros pocos años, y me fui a la Administración Pública. Pero para amigos, conocidos y gente que pasa por ahí sigues siendo "el fill de l'estanquer, que és abogat" (ya sé que en valenciano abogado no es "abogat", pero es como se te dice).

Y muchos te preguntan o piden información sobre unos papeles que les han mandado, o algún tema más grave que tienen pendiente (un juicio, un divorcio, una herencia, o algo de eso). Por mi parte, y siempre dependiendo de mi disponibilidad de tiempo, encantado de ayudar a la gente.

En estos últimos meses he tenido la oportundidad de conocer como "abogado de barrio" de dos procesos de divorcio con hijos de por medio. Ya sabéis que es un tema en que he hecho una "tesis" los últimos años, con mi feliz custodia compartida.

Bueno, al grano (obviousely no pongo los nombres, que no es cuestión; e incluso me arriesgo a que alguno de los implicados me lea y todo y se vea tristemente reflejado).



Caso Uno.

J. -padre- tiene dos hijos -mayor, seis años, creo- con A., y A le pide el divorcio. A pide la custodia para ella, y unos 300 euros para los niños (J no gana mucho dinero).

Hablo con J; quien me escuche, sabrá que canto excelencias de la custodia compartida. Pero lo que le parece más curioso a J en que en la compartida no hay pensión de alimentos para los niños (yo sí tengo pensión de esas, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión). Me dice que lo tiene que pensar. Y al día siguiente me dice convencidísimo que "lo mejor es la compartida, pensando en los niños, por supuesto, y que estén con los dos; oye, ¿seguro que no hay que pagar los 300 euros que me pide si es compartida, eh?"

Le enseño mi propio convenio a J, y le explico más cosas. Me pregunta sobre la pasta, y digo que no hay pension de alimentos, pero es que si la custodia es de ella, ella se encarga de pagar todo (comida, ropa, libros, cosas del día a día), y si es compartida los gastos son entre dos. Se pone a hacer cuentas; quiza le salga más barato que 300 euros/mes, pero no gratis como suponía. Me dice que lo tiene que pensar. Y al día siguiente me comenta convencidísimo que "para los niños, de la edad de los míos, lo mejor siempre será estar con la madre; yo les visitaré cuando pueda, pero ellos deben estar con ella, que una madre no se puede sustituir; oye, ¿estás seguro de que con los 300 euros esos yo ya no pago ningún gasto más del colegio ni de nada?".

No haré comentarios. Al final, la custodia fue para ella.

Caso Dos.

L. -padre- tiene tres hijos -mayor, nueve años- con E., y E. pide el divorcio. E está abierta a toda negociación; custodia compartida, pensiones o no pensiones, uso del domicilio conyugal.

En este caso, L. me dice sin tapujos que prefiere que yo no le ayude en nada, ya que "como te dejaste arruinar por tu exmujer, no sea que también me arruines a mí"; mi divorcio supone un "mal acuerdo" económico para mí, pero un "excelente acuerdo" en lo que se refiere a la convivencia con mis hijos. Para el 99% de conocidos y amigos, me dejé engañar como un chino y eso de la convivencia con mis hijos son chorradas y señal de que no me han dado dos ostias bien dadas para que me entere de cómo va la vida... bien, sigamos con "caso dos".

L. no quiere la custodia, que los niños son cosa de la madre. Quiere derecho de visita, pero arreglado de la siguiente forma: cuando él quiera, irá al parque si está la madre jugando con sus hijos ahí, o esperará en la puerta de casa de ella diez minutos antes de ir al cole para acompañarlas. Que los niños no duerman en casa de L., que es un lío (que, por cierto, L se queda con el domicilio conyugal cuando no es el conyuge custodio). Y los fines de semana que L. tiene libre, pues son para descansar, no para aguantar a los niños, y menos sin ayuda de E., que es la encargada de ellos.

Pero esto del derecho de visita, sin que duerman en casa de uno nunca, es negociable todo. Lo importante y la clave de que el divorcio sea de mutuo acuerdo o no es una pensión compensatoria de 100 euros durante un año. Es decir; cómo veas a tus hijos los siguientes quince años, ya se arreglará. Lo importante son 1200 euros arriba o abajo.

Tampoco haré comentarios. Custodia para ella, sin los 1200 euros.



Sólo una pregunta general... ¿de verdad es tan común que el progenitor masculino pase olímpica de los niños, y se mate y desangre si es necesario por cuatro duros arribao abajo? Porque si a J., o a L., le preguntas si es más importante los niños o el dinero, no sólo dirían que los niños, sino que resultaría ofensiva la pregunta.

Pues oye, el movimiento se demuestra andando.
Lo que yo veo "andando" es que cómo quede la custodia o visita de los niños importa un pimiento (teniendo en cuenta que en el peor de los casos habrá derecho de visita de alguna forma, tampoco es que los padres los dejen de ver), pero lo esencial es lograr un buen resultado económico.

Acabo ya; consejo para los "padres preocupados en su divorcio": el mejor resultado económico, sin duda, es no casarse ni tener hijos. Así no hay pensiones ni división de gananciales. Luego tampoco "visitarás" a tus hijos (claro, no los tienes), pero eso nos daba igual de entrada, ¿no?

viernes, septiembre 12, 2008

Mis conciertos (I: Gatos Locos, 1991)

Este verano ha sido muy entretenido; lo que más he hecho ha sido ir a lugares donde poder mojarme el culo con los críos; fuera en la playa, el río, la piscina, la balsa, o tirarse dentro de un charco en el parque. Pero no quiero escribir sobre el verano (aún; y con el nivel de actualización que mantengo, a pesar de mis intenciones, si el próximo postes veraniego, seguro que es sobre agosto 2009).

Quiero hablar de música. Este verano, como decía, he ido de aquí para allá. En un par de salidas que hemos hecho a la provincia de Teruel, hemos pasado por un pueblecito que se llama Arañuel. Ese pueblo me trae dos recuerdos; uno, el de un amigo que descendía de allí y se fue hace tiempo al País Vasco (hola, Nadal!); y dos, que uno de los componentes de Gatos Locos tenía algo que ver con el pueblo (lo cierto es que no recuerdo el qué).

Para hacer la sincronicidad, o como leches se escriba eso, el otro día en la radio me pusieron una canción de hace mil años del grupo Gatos Locos: "Bailarás".
De inmediato, me vino a la memoria un concierto de hace muchísimos años, en Onda, de Gatos Locos, y con esa canción.

Hablo mucho de mi faceta como padre; y cuando aburro hablando de eso, hablo de política, que aburre entre cien y ciento una veces más.
Intentando dar un poco de vidilla a esto, y hablar de algo que no sea lo de siempre, se me ha ocurrido iniciar una mini-plasto-serie (hola, Gorpik!). Sobre los conciertos de mi vida (que no son muchos, la verdad).

Y comenzaré con el de Gatos Locos, que gracias a ellos me ha venido la idea.

Mis Conciertos (I: GATOS LOCOS, 1991)

Sería el verano de 1991 o 1992. En Onda hay dos "fiestas del pueblo": la última semana entera de octubre (alguna vez he escrito sobre la Fira d'Onda), y el 6 de agosto, día del Santísimo Salvador, patrón del pueblo.

El día del Salvador hacían fiestas, bailes, la gente salía a comer o a cenar, y a beber ingentes cantidades de alcohol. Nosotros, también.
Pero un año de esos, se les ocurrio programas un concierto (ahora, lo del "concierto en las fiestas del Salvador", ya es tradición).

Nosotros eramos rockers, y nos tiraban más Rebeldes o Tennessee, pero cuando supimos que venían Gatos Locos nos supo a maná caído del cielo.

Leyendo no sé donde (internet no existía), nos enteramos de que Gatos Locos se separaban para siempre jamás. Iban a hacer un concierto en Onda (como población cercana a Arañuel), y otro en Cambrils (de donde era el solista), y adiós muy buenas. El ir al concierto adquiríó drama y trascendencia.
(Nota del autor: en el 2004 se volvieron a juntar, como otros muchos; pero entonces, si decían que un grupo se separaba, nos lo creíamos).

Antes de ir a escuchar un grupo, nos aprendíamos sus canciones de memoria. Todas las tardes, en la doble platina (un cassette doble de esos), y en la radio del coche (de mi hermano, que yo no tenía carnet), sonaba el grupo. Si ya teníamos sus discos, cojonudo (caso de los Rebeldes, por ejemplo); y si no, pues a arruinarse (lo dicho: es que no existía internet).

La noche del Salvador también celebramos el cumpleaños de mi hermano, así que coincidió fiesta, tarta, regalos y concierto. Y allí que nos plantamos nosotros con nuestros tupés, patillas, tejanas, corbatín, y siete u ocho elementos (entre pins, pegatinas en los vaqueros o lo que fuera) con la bandera sudista.
(Otra nota del autor para los sectáreos: ¿alguien recuerda mi pañuelito sudista que llevé en una RAM, o asamblea, o algo? Pues allí estaba conmigo, atado en la muñeca, como siempre)






El grupo éramos cinco tíos (de sólo tres madres distintas), y seis o siete tías. Pero no nos comíamos una rosca. No teníamos posibilidades. O sí, pero no nos enterábamos. A partir del séptimo litro de cerveza ya podían ponernos sutiles señales las chicas que no hubiéramos caído en la cuenta aunque nos arrancaran la ropa. Nunca nos arrancaron ni uno de los pines sudistas.

No me gusta bailar, pero esa noche acabamos bañados en sudor de bailar, gritar (cantar), y saltar. Desde una hora antes de que empezaran, apoyados en el escenario (en más que primera fila). No era un grupo que nos entusiasmara al nivel de los dos o tres favoritos, pero nos pilló en la época en que nos tomábamos en serio eso de ser rockers.


Recuerdo que íbamos (en turnos), del borde del escenario a la barra a pedir cantidades ingentes de cerveza. Un guitarra se coscó de ello, y nos hizo señas para que le trajéramos alguna. EL resto del concierto fuimos proveyendo cervezas a Gatos Locos (se diría que se aprovechaban de nosotros, pero para un grupo de adolescentes, compartir cerveza con el grupo que está tocando es el momento del mes).



(Más nota: ésta no es la canción "bailarás", pero es que no la he encontrado; no hay casi nada de Gatos Locos en youtube)

Y la anécdota del final: nos sabíamos cada canción; cada uno tenía sus favoritas, y cantaron prácticamente todas las que nos gustaban. Menos una: "Bailarás" ("deja de una vez el vaso, vamos a bailar... desde que hemos llegado, no paras de hablar...").

Al acabar, poca gente pedía un bis de esos (no eramos muchos viendo el concierto), pero todos nosotros comenzamos a cantar "Bailaras"; salieron de nuevo, y cantaron otra canción (no recuerdo cuál). Acabaron, y se fueron.
Pero nosotros seguimos cantando "Bailarás", y mientras un par desmontaban cosas, y la gente se iba, el solista y el guitarra cervecero, se acercan a la punta del escenario; el guitarra empieza a tocar los compases de la canción, y el solista nos acerca el micro o como se diga (yo no sé si iba), y nosotros berreamos la canción. Sólo nos dejaron llegar hasta el primer estribillo.
Y entonces sí, se fueron.

Los meses siguientes, Gatos Locos serían nuestro grupo favorito, y "Bailarás", la canción simbólica con la que iniciar las fiestas cerveceras. Supongo que duró hasta que Rebeldes sacó un nuevo disco, o algo así.

Por hoy ya vale con dar la lata en plan cebolleta (eh, he escrito dos entradas en el mismo mes, me debe de estar pasando algo); el próximo, si no hay nada que contar, sigo con otro concierto: Revólver en Castellón.

jueves, septiembre 11, 2008

Duna, diez años.

Poco después de compartir techo, a la mujer con la que vivía se le despertó una especie de instinto maternal. Quería cuidar a alguien (y a mí se me cuidaba de otra manera). Un día de tantos, al llegar a casa tras el trabajo, me di cuenta de que ella había cogido el coche y se había ido vete a saber dónde. Cuando regresó, en lugar de subir conmigo al piso, me pidió que bajara hasta el coche. Abrió el maletero, y Duna estaba dentro de una caja de cartón, con ojos asustados.

Tan pequeña que podíamos meterla dentro del bolsillo de la camisa y que asomara la cabeza y dos patitas. Era mediados de octubre, y la perra había nacido un 9 de septiembre. Ese mismo día entró el primer biberón y el primer chupete en casa (quien me conozca, ya sabrá que los biberones tardarían muchos más años de lo imaginado en abandonar el hogar).




Hoy ya no existe ese hogar. He cambiado de casa cuatro o cinco veces. La mujer que trajo a Duna ya cumplió su instinto maternal de sobras, existiendo un pasado donde la perra le molestaba. Ya no trabajo en el mismo sitio, ni en el otro que trabajé después. Y no soy ni me parezco a la persona que era en aquel entonces. En tres años y medio tras la perra, llegaron tres cachorros más, esta vez de especie humana.

Ayer Duna cumplió diez años. Y si en estos últimos diez años de mi vida algo ha permanecido invariable, eso es sin lugar a dudas la presencia de Duna.

A ver, para entendernos. Hace diez años yo era un auténtico imbécil. Con despacho propio y "paga maternal" a la vez, preocupado por juegos y estrategias políticas, borracho todos los sábados y mitad de los viernes, sin ninguna responsabilidad sobre nada -ni intención de tenerla-, y más contento que un ocho porque una rubia de un metro 85 se había venido a vivir conmigo.

Hoy, aunque mantenga mi imbecilidad en determinados aspectos, no soy alguien sin responsabilidades, ni que prefiera escapar de las mismas (quien me conozca, ya me entiende).
En ese tiempo, sólo he podido mantener una lealtad recíproca con Duna. Hablo poco de ella, no tiene el carácter de "esencia vital" como mis hijos, y no da más trabajo ni problemas de los que da cualquier animal de compañía.
Pero esta ahí. Siempre ha estado ahí, y cualquier descripción de mi vida sin tenerla en cuenta sería falsa. Una anécdota: he hablado muchas veces del convenio regulador de mi divorcio, donde se blinda la custodia compartida, y del orgullo que siento por ese papelito; pues bien, en el larguísimo convenio (8 hojas, 27 artículos), el último artículo es el dedicado a Duna (y que establece que yo soy su propietario).

Hubo momentos tristísimos para mí en los últimos años, de esos de llorar y maldecir tu estampa. Pero con la perra en casa, nunca me sentí solo.



A veces pienso que estos son los años más felices de mi vida. Tiempo en los que los niños son pequeños, yo me convierto en un niño más si estoy a su lado un ratito, y estamos todos juntos planeando cosas. Después, los críos crecerán y harán su vida (con mi alegría y bendición, que el objetivo de la educación no es otro que el de hacer personas buenas y autónomas de tus hijos). Duna faltará.

Siempre reconozco el día que falleció mi abuelo como el fin de la inocencia. Creo que el día que falte Duna, será el final de los "años felices" que ahora me toca disfrutar.

***

Y me está quedando un post de lo más alegre, oiga. Si yo venía a hablar de la perra y de su cumpleaños, no de cuando el pobre animal la espiche.

Ayer fue su cumpleaños; y como todos los años, tuvo su fiestecita.

Duna come todos los días pienso. Pero el 9 de septiembre le doy carne de ternera. Y una tarta con velas (que apagan mis hijos), en la que nos untamos los dedos para que Duna chupe un poco de nata.

Ah!, y regalos. Ayer le cayó un collar nuevo, dos juguetes, y un hueso asqueroso de esos que muerden y luego da repelús tocarlos.

Yo disfruto como un enano en el cumpleaños de la perra. Mis hijos, más (a la pobre no la dejaron en paz en todo el día). Y Duna, nerviosa. Que es como le toca estar a un "bajito" de la casa en su fiesta.



Feliz cumpleaños, Duna.

miércoles, julio 23, 2008

Mensavalencia en la línea XYZ

El sábado 19 volví a asistir a un encuentro (de los de verdad, no de internet) con gente de Mensa; como suele ser, siempre que voy luego ardo en deseos de ir a más. Espero que esta vez no se me complique y tarde (de nuevo) varios meses en volver.

Tras el encuentro, mandé este mensajito a una lista de correo de allí. Y lo voy a aprovechar para dar algo más de vida por aquí (eso sí, quito los nombres de pila, que no es cosa de saltarse la intimidad de la gente a la torera).

Saludos desde mi pueblecito de La Plana.

El sábado 19, fuimos doce (entre chicos, chicas, chiquillos y chiquillas) quienes nos acercamos desde cualquier lado de la “Comunidad Valenciana Extendida” (Valencia, Pego, Castellón, Onda, o Mora de Rubielos), hasta el municipio de Viver, donde nos esperaban otros cuatro (entre chico, chica, chiquillo y chiquilla) para hacernos pasar un día extraordinario en el pueblo.

Fue un día muy completo, desde luego:
- Lecciones de historia (Paco nos engañó y en realidad tiene 114 años, porque es imposible que conociera tanto de la guerra civil en su pueblo sin haberla vivido)
- Momentos dramáticos (por culpa de una avispa; según nos contó el padre de la afectada, es un problema hereditario)
- Lecciones de gestión de recursos humanos (el Duque de Calabria, un verdadero visionario, que más de uno quisiera para director de personal)
- Momentos cómicos (un poco más y una “bomba” de la recreación causa víctimas colaterales)
- Sexo (la disminución del mismo tras meterse en el río con el agua ligeramente fresquilla)
- Mudanzas (el sol corría más que nosotros comiendo, así que fuimos de mesa en mesa)
- Etc

Nada más llegar, visita turística al municipio (que el que suscribe llegó tarde), a cargo ddel anfitrión, quien se esforzó –y logró sobradamente- en que todos nos sintiéramos parte de Viver.

La visita acabó frente al Ayuntamiento, que estaba siendo tomado por las fuerzas republicanas (los nacionales, pensando que lo tenían perdido, estaban ahogando sus penas en el bar).

Para comer nos fuimos al río; el agua estaba más clara y limpia que fría, y eso que sólo los niños tuvieron el coraje de bañarse antes y después de comer. La comida abundantísima (uno va entendiendo por que en Mensa escaseamos las personas de “cintura ancha”), incluyendo siete postres y sidra natural. Sentados entre los árboles, conversamos sobre los idiomas –del catalán al klingon-, la ética –de la cultura india asceta al aborto de adolescentes-, las religiones –del maniqueísmo a los neocatecumenales-, la educación –de la inmigración hasta bola de drac-, la historia, o todo lo que se le pueda ocurrir a uno.

Bajamos la comida subiendo a las cuevas, donde en un pasado vivieron desde leones hasta combatientes de la guerra civil (en igual grado de ferocidad). El anfitrión nos contó que dentro de allí hace siempre la misma temperatura, sea invierno o verano, y más de uno pensó en reservarse una cueva para pasar el mes de diciembre calentito (ahora cuando se hunda Marina d’Or, os comercializan el pueblo).

Despedimos a parte del grupo, y retornamos al casco urbano para ir bebiendo en fuentes de dos tipos; esas que echan agua por un grifo, y las “fuentes de la historia” personificadas en nuestro anfitrión, que nos contaba con todo lujo de detalles la historia y anecdotario de Viver.

A media tarde disfrutamos de la recreación histórica de un combate urbano entre republicanos y carlistas de la Guerra Civil. Escondidos entre la vegetación (no sea que nos alcanzara el fuego cruzado), oímos vivas a España, a la República, estallido de bombas o gritos de los heridos; vimos humo, fuego, soldados corriendo o soldados abatidos. Y al final, aplaudimos con el abrazo entre los dos bandos de la batalla. Nos contaron que en Viver, y su zona, tanto la República como el ejército de Franco vencieron y perdieron a la vez en la Guerra; el sábado, ambos ganaron escenificando la reconciliación entre unos y otros.

Tras el combate, llegó la hora de la despedida. Alegres tras haber pasado un día estupendo, y esperanzados en que sea el inicio de muchos encuentros de Mensavalencia.

Y todo eso, gracias a los que participamos, con los que fue un placer compartir unas horas en Viver: un porrón de grandes y otro porrón de niños (lo que me hubiera gustado llevarme a los tres pucelitas). Con mención especial al anfitrión y toda su familia; mil gracias por hacer posible el encuentro en Viver; a partir del sábado, si buscáis “hospitalidad” en la enciclopedia, os salen ellos saludando.